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¡Hola a todos! Qué bendición poder conectar una vez más y hablar de temas que nos tocan el corazón y, a veces, nos generan interrogantes. Hoy quiero abordar una pregunta que surge con frecuencia en nuestras comunidades de fe: ¿Puede un cristiano ir al psicólogo? Y la respuesta corta es: ¡Claro que sí! Y no solo puede, sino que en muchas ocasiones, es una decisión sabia y necesaria.


Vivimos en un mundo que cada vez entiende más la importancia de la salud mental, pero a veces, dentro de nuestras iglesias, pueden existir ciertos prejuicios o ideas erróneas. Algunos piensan que ir al psicólogo es señal de poca fe, o que todos los problemas emocionales se solucionan "solo orando más". Y aunque la oración y nuestra fe son pilares fundamentales e irremplazables en nuestra vida, Dios también nos ha dado herramientas y profesionales para cuidar de nuestra mente y emociones.


Dios se preocupa por TODO nuestro ser


La Biblia nos enseña que somos seres integrales: espíritu, alma (que incluye nuestra mente y emociones) y cuerpo. En 1 Tesalonicenses 5:23 (NVI), Pablo ora: "Que Dios mismo, el Dios de paz, los santifique por completo, y que conserve íntegro todo su ser ?espíritu, alma y cuerpo? irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo." Dios desea nuestro bienestar total. Descuidar nuestra salud mental es descuidar una parte esencial de la creación que Él hizo.


¿Cuándo es necesario buscar ayuda psicológica?


Así como vamos al médico cuando tenemos una dolencia física persistente, hay momentos en que nuestra alma necesita atención profesional:


  1. Emociones Abrumadoras y Persistentes: Si sientes una tristeza profunda que no desaparece (posible depresión), ansiedad constante que te paraliza, ataques de pánico, ira descontrolada o cambios de humor muy bruscos.
  2. Traumas Pasados o Recientes: Abuso, pérdidas significativas, accidentes o cualquier evento que te haya marcado profundamente y que siga afectando tu día a día.
  3. Problemas de Relaciones: Dificultades serias y recurrentes en el matrimonio, con los hijos, en el trabajo, que no logras resolver por ti mismo.
  4. Adicciones o Comportamientos Compulsivos: Si luchas con sustancias, pornografía, juego, comida o cualquier otro comportamiento que sientes que te controla.
  5. Sensación de Estancamiento o Falta de Propósito: A veces, necesitamos ayuda para reencontrar nuestro norte, procesar crisis existenciales o desarrollar herramientas para alcanzar nuestras metas. La Logoterapia, por ejemplo, se enfoca en encontrarle sentido a la vida, ¡algo profundamente bíblico!
  6. Cuando la consejería pastoral o el apoyo de la iglesia no son suficientes: Nuestros pastores y hermanos en la fe son un apoyo invaluable, pero no siempre tienen las herramientas especializadas para tratar ciertos trastornos o situaciones complejas. Un psicólogo está entrenado para diagnosticar y tratar estas condiciones.


La Psicología y la Fe: Aliadas, no Enemigas


Desde una perspectiva cristiana, podemos ver cómo ciertos enfojos psicológicos son muy compatibles e incluso complementarios a nuestra fe:



¿Debe ser un Psicólogo Cristiano?


Esta es una pregunta importante. Idealmente, si puedes encontrar un psicólogo cristiano competente y con buenas referencias, ¡sería maravilloso! ¿Por qué?



Pero, ¿qué pasa si no encuentras uno o el que te recomiendan no es cristiano?


No es indispensable que sea cristiano. Lo más importante es que sea un buen profesional:



Recuerda que toda verdad es verdad de Dios, y el conocimiento y las habilidades que un psicólogo ha adquirido pueden ser usados por Dios para tu sanidad, independientemente de las creencias personales del terapeuta. Dios obra a través de muchas personas y medios. Tú sigues siendo guiado por el Espíritu Santo y puedes discernir y filtrar lo que recibes en terapia a la luz de la Palabra de Dios.


Pasos Prácticos:

  1. Ora: Pide a Dios sabiduría y guía para encontrar a la persona adecuada.
  2. Investiga: Busca recomendaciones, lee reseñas, verifica credenciales.
  3. No temas preguntar: En la primera consulta, puedes preguntar sobre su enfoque terapéutico y cómo maneja los valores y creencias de sus pacientes.
  4. Confía en tu discernimiento: Si no te sientes cómodo o sientes que tus valores son confrontados negativamente, tienes la libertad de buscar otro profesional.


En Conclusión


Buscar ayuda psicológica no es un signo de debilidad espiritual, sino de valentía, humildad y un deseo genuino de sanar y crecer. Es reconocer que necesitamos ayuda y que estamos dispuestos a tomar pasos prácticos para cuidar el templo del Espíritu Santo que es nuestro cuerpo y nuestra mente.


Tu bienestar emocional es importante para Dios. Él quiere que vivas una vida plena y abundante (Juan 10:10). A veces, el camino hacia esa plenitud incluye la ayuda de un profesional de la salud mental.

¡Ánimo! Si estás pasando por un momento difícil, considera esta opción. No estás solo, y hay esperanza y ayuda disponible.


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